lunes, 7 de mayo de 2012

“EL SUCESOR”


Texto Bíblico: Josué 1:1-9

Estaba recordando que hace muchos años atrás una reconocida marca de ropa de forma sorpresiva dejó de salir al mercado ocasionando en éste un gran vacío con relación al buen vestir en mi país.
La razón de su sorpresivo cierre fue que el jefe principal dejó su liderato y, curiosamente, no hubo un buen sucesor para tomar el puesto principal. La empresa en mención nunca se preocupó por preparar al futuro sucesor, en su lugar, los hijos de los dueños de la empresa se dedicaron a viajar y a divertirse, gastando el dinero que a la empresa le costaba obtener. Así, cuando llegó el tiempo de buscar un sucesor nadie estaba preparado y todo esto dio paso a la ruina de la empresa y a su inevitable cierre.

Este hecho me recordó la importancia que todo líder debe preocuparse por dejar un buen sucesor si desea que su sueño llámese: proyecto, fundación, empresa o centro religioso, continúe y no muera con la siguiente generación. Y para esto es importante recordar un hecho histórico Bíblico en el que el gran líder Moisés preparó, con la ayuda de Dios, a su sucesor, su mano derecha: Josué.

Así, leyendo el capítulo 1 de libro de Josué encuentro que a la muerte del gran líder Moisés, Josué (su sucesor) ya estaba listo para tomar el mando y guiar a una gran nación hacia la tierra prometida.
Y por supuesto, que este líder tenía requisitos importantes e interesantes que deseo mencionar:
a) Tenía fortaleza y valentía para continuar el trabajo de otros
b) Tenía fortaleza y valentía para mantener la fe en el Dios que hasta ese momento había mostrado fidelidad a su pueblo.

Pero asimismo, este sucesor debía reunir ciertos requisitos espirituales como:
a) Nunca apartar su corazón de la Palabra de Dios
b) Meditar de día y de noche en la Palabra de Dios

La Biblia nos habla en el capítulo 1 de Josué que, aunque él tenía muchos temores propios del ser humano, decidió tomar el reto, pues, recibió la promesa de Dios de apoyarlo,  ayudarlo, pero demandaba de él acción, que no se quede de brazos cruzados, y por supuesto, de una enorme fe en Dios para no desmayar. Y los resultados para este sucesor no se hicieron esperar, pues, todo el pueblo vio en Josué la persona que Dios ponía en lugar de Moisés y, por consiguiente,  le obedecieron y se dejaron guiar en su viaje hacia la tierra de Canaán.

Pero Josué no fue un improvisado en el puesto de líder, basta leer los libros de Éxodo y Deuteronomio para notar que muchos años antes de la muerte de Moisés este valiente hombre estuvo como su mano derecha, aprendiendo cómo dirigir al pueblo de Israel.

Estimado lector, si usted es actualmente líder en su trabajo, tome en cuenta que ese puesto no es eterno, y si es su deseo que su labor continúe, se perfeccione  y trascienda a través de los años, deberá buscar un sucesor y prepararlo para que cuando usted ya no esté al frente, el nuevo líder pueda continuar con ese liderazgo y tomar las mejores decisiones, las mismas que promuevan la continuidad y no el cierre definitivo de un sueño.

"Entonces llamó Moisés a Josué y
le dijo en presencia de todo Israel:
Sé firme y valiente,
porque tú entrarás  con este pueblo
en la tierra que el Señor
ha jurado a sus padres que les daría, 
y se las dará en heredad.
El Señor irá delante de ti;
Él estará contigo,
no te dejará ni te desamparará;
no temas ni te acobardes."
(Deuteronomio 31:7-8)


¡Dios lo bendiga!



jueves, 1 de marzo de 2012

“UNA MIRADA…”


Texto Bíblico: Mateo 14:14a.

Una mirada basta para que el niño comprenda cuál es el ánimo del día de su maestra de clases; con una mirada nuestros padres pueden poner fin a nuestras más elaboradas travesuras; una mirada puede marcar el inicio o el final de una relación; una mirada puede restaurar o hundir en la depresión para siempre.

Es que existen miradas con muchos matices: miradas de odio, rencor, burla, escepticismo, incredulidad, dolor, tristeza, resignación, vergüenza, amor, respeto, compasión, perdón, condenación. Y no sólo esto, sino que si analizamos con mayor profundidad encontramos personas que sin que otros las miren, ellas se miran a sí mismas de diferentes formas, marcando con esto las decisiones que tomen en sus vidas. Ya que hay gente que se mira a sí misma con mucha culpa, con odio, repugnancia, con orgullo, con dolor, sin perdón, con condenación, y es en este punto que vale la pena preguntarnos: ¿Cómo Jesús miró a los que lo rodearon en su paso por este mundo?

Al respecto, brevemente deseo centrarme en tres casos de la Biblia en que la mirada de Jesús impactó la vida de tres personas, las mismas que después de este encuentro tomaron tres rumbos distintos.

El primer caso: el joven rico (Marcos 10:17-22). Este joven quería seguir a Jesús y emocionado le dijo que llevaba una vida santa desde que era muy joven. Y es aquí cuando Jesús, viendo la sinceridad de él  le miró con amor (vr.20); pero al pedirle el Maestro que vendiera todas sus posesiones, el joven se fue triste porque esto no  estaba dentro de sus planes. Me puedo imaginar al joven rico bajando su mirada y alejándose del Maestro para siempre…

El segundo caso: Judas Iscariote, quien fue uno de los doce discípulos de Cristo, y en una noche, previo complot con las autoridades judías, lo entregó para que lo  maten (Mateo 26:47-50). Más lo interesante es que Jesús, a ése mal amigo, mal discípulo, traidor, lo miró con ternura y lo llamó amigo (vr.50). Imagínense el rostro lleno de asombro de Judas: “¿me llamó amigo?”…

El tercer caso: Cuando esa misma noche Jesús fue entregado, otro de sus discípulos le dio un nuevo golpe. Pedro,  presa del miedo comenzó a negar al Maestro y con maldiciones. Pero una vez más el Señor posa su mirada de perdón en Pedro de modo  que éste, no pudiendo más, salió de aquel lugar y lloró amargamente… (Lucas 22:61-62)

Son tres momentos distintos, tres personajes, pero una sola mirada, la del Salvador que les dice: “te amo porque tienes deseos de seguirme”, “te llamo amigo aunque tú me traiciones”, “te perdono porque sé que no lo querías hacer…” Y según las Sagradas Escrituras las tres respuestas fueron distintas: “Señor, te amo pero no lo suficiente como para seguirte” (el joven rico); “te he traicionado por eso no merezco vivir” (Judas); “necesito tú perdón, quiero restaurarme” (Pedro)

Estimados amigos, sólo uno de estos tres personajes tomó el camino correcto, y ese fue Pedro, pues, no sólo que se topó con la mirada restauradora y perdonadora de Jesús, sino que se mantuvo mirando a Cristo hasta el final de sus días, y ese encuentro marcó el gran ministerio que posteriormente tendría este gran Apóstol. Los demás, se miraron a sí mismos y no al Salvador, perdiéndose las inmensas bendiciones que sin duda pudieron tener a lado de Jesús.

¿Usted y el Salvador ya se han mirado?, ¿Ya permitió que la mirada compasiva y amorosa del Señor llene su vida?, ¡Qué espera!, levante su rostro, no lo baje nunca, y pose sus ojos en la mirada que salva: la mirada del Salvador, Jesucristo.

“Y saliendo Jesús,
vio una gran multitud,
y tuvo compasión de ellos…”
(Mateo 14:14a)


¡Dios lo bendiga!


jueves, 26 de enero de 2012

“Y YA NO VIVO YO…”


Texto Bíblico: Gálatas 2:20

“Y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí…” Cuántas veces hemos leído este pasaje de Gálatas 2:20 sin comprender a profundidad lo que el Apóstol Pablo había llegado a experimentar en su diario caminar como creyente en la fe de Jesucristo. Y es que para comprender este pasaje es necesario reflexionar sobre Jesús y sus sacrificios personales, los mismos que lo llevaron por toda una vida de entrega hasta llegar a la mayor de ellas, la entrega física en la cruz y, por consiguiente, su propia vida.

Pero, ¿qué es lo que Jesús crucificó en la cruz del calvario?, ¿acaso sólo su cuerpo fue clavado en esa cruz? Amigos lectores, yo leo, en los cuatro evangelios,  que el Hijo de Dios hizo morir: el hacer su propia voluntad, su libertad para vivir como quisiera, su juventud, su status de hijo de Dios, su posición en la tierra como hijo y hermano, sus amistades. Notemos que Jesús primero crucificó todo aquello que pertenece al Yo y que podía llenarlo de orgullo y vanidad; una vez resuelta esta etapa de su muerte, estaba en condición de hacer su máximo sacrificio: dar su vida por los demás en la cruz, y de esta manera cumplir con la voluntad de su Padre.

Ahora, si volvemos al Apóstol Pablo, podemos comprende por qué él decía que su Yo estaba crucificado con Cristo, porque él había hecho morir toda pasión, deseo, status social y económico, por amor de Cristo. Y ese morir de su propio Yo, le produjo un nuevo nacimiento que cambió y transformó su mente y corazón, de modo que lo que antes tenía valor para él, ahora pasó a un segundo plano, convirtiéndose Cristo en la razón para su vivir (“Para mí el vivir es Cristo…” Filipenses 1:21), experimentando de esta forma otra dimensión de vida; es decir, una vida que se enfoca en lo espiritual y por lo tanto, es divina y eterna. Esto fue lo que el Apóstol Pablo comprendió y desea que nosotros asimilemos también cuando dijo: “Y ya no vivo yo…”

Así, no puede existir entrega si mi Yo no muere; no puedo amar a otros si me amo a mí mismo por sobre todas las cosas; no puedo ser sensible a las necesidades de los demás si no me desprendo de todo lo que poseo;  no puedo ser fiel a la obra que Dios me ha encomendado si más importantes son mis propios planes y proyectos.

El Apóstol Pablo termina este pasaje diciendo: “el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí…” reconociendo con ello que si crucificamos nuestro ser interno, entonces, nos llenaremos del amor de Dios que es el que producirá en nosotros esa entrega mayor: el sacrificio de nuestra propia vida, el morir a nosotros mismos.

Amigo lector, Cristo sacrificó todo su Yo por usted y por mí, ¿no le parece que deberíamos hacer lo mismo por la causa de Él?, ¿qué le ha dado usted a Cristo?, ¿ya le entregó su Yo?

Le dejo estos versos de un antiguo himno que estoy segura lo animarán a sacrificar toda su vida por Aquel que lo amó primero y se entregó a sí mismo por usted y por mí.

Mi vida di por ti, mi sangre derramé
Por ti inmolado fui, por gracia te salvé.
Por ti, por ti, inmolado fui ¿y, tú,
qué das por mí?
(Himno Mi vida di por ti)

¡Dios lo bendiga!



jueves, 29 de diciembre de 2011

“¡NO MIRES ATRÁS!”


Texto Bíblico: Génesis 19:26

Revisando el capítulo 19 del libro de Génesis, me detuve en el versículo 26 que dice: “Entonces la esposa de Lot miró atrás, a espaldas de él, y se volvió estatua de sal.” Y me puse a pensar cuántas veces nosotros, como la esposa de Lot, miramos atrás, ansiamos la vida que antes teníamos; extrañamos los lujos, amistades, trabajo; en fin, todo aspecto material, y lo ponemos por encima de lo espiritual, convirtiéndonos en estatuas de sal.

Cuando recibimos a Cristo en nuestras vidas, Él nos rescató de Sodoma y de Gomorra, ese lugar que era parte de nuestras vidas y que día a día nos hundía en pecados que nos impedían acercarnos a Dios libremente. Ahora somos libres, fuimos rescatados de nuestra vana manera de vivir ( 1 Pedro 1:18-20  ) y vamos caminando por un sendero más deleitoso que nos permite crecer en santidad y acercarnos cada vez más a Dios.

Pero, los afanes de esta vida, las pruebas y dificultades hacen que pensemos que: “antes estábamos mejor, antes no teníamos estos problemas”. Y así, si no estamos fuertes en la fe, podemos mirar atrás y volvernos estatuas de sal como la mujer de Lot.

Sí estimados lectores, nos volvemos estatuas de sal en el sentido que ese mirar atrás nos estanca; nos deja parados en plena vía; nos deja sin aliento; sin ánimo para movernos, sin fuerzas para avanzar por el camino de la santificación.

¿Qué le parece hermano en la gloriosa fe de Jesucristo si para este nuevo año 2012 que está por comenzar se propone metas espirituales que lo ayuden a crecer en la gracia de nuestro Dios y ser, de esta manera de bendición para todos aquellos que lo rodean?

Le propongo, por lo tanto lo siguiente:
·         No recuerde situaciones negativas de su pasado
·         Si su pasado ya fue perdonado por Dios, no siga culpándose
·         No añore lo que tenía, sea agradecido con Dios por lo que posee ahora
·         Predique con el ejemplo
·         Busque actuar como Jesús actuaría en su lugar
·         Mire las necesidades espirituales de los que lo rodean y sea un canal de bendición para ellos.
·         Siempre esté “online” para los que necesiten hablar con usted
·         Cultive  y cuide las amistades que ahora, en el Señor, posee y no las deje ir, pues, ellas son la provisión de Dios para su vida.
·         Involúcrese en su iglesia de manera más activa y apoye las iniciativas de su pastor y únase a él en oración para que estas iniciativas o proyectos se cumplan.
·         No se detenga ante las personas que viven de manera negativa y quieren obstaculizar su trabajo de amor en la iglesia, siga adelante que Dios está de su lado y lo va a recompensar.

Así, amigos, a lo mencionado anteriormente usted puede añadir mucho más según sus propias experiencias y proponerse como metas para este nuevo año 2012.

Estimado lector, ¿ha estado mirando atrás?, ¿ha mirado su pasada manera de vivir con nostalgia?, ¿siente deseos de correr y regresar a su antigua vida?. No lo haga hermano en la fe de Jesucristo, no se convierta en estatua de sal. Camine como Lot siempre adelante y su vida salvará por la Gracia de Dios.



 “Puestos los ojos en Jesús,
el autor y consumador de la fe,…”
(Hebreos 12:2a)

¡Dios lo bendiga!




miércoles, 9 de noviembre de 2011

“¡TÍA, TÍA!”


Texto Bíblico: Salmos 68:6a

Domingos atrás, antes que comenzara el culto de nuestra iglesia, llegó una mujer joven con unos cuantos niños, ellos saludaron de manera respetuosa a los asistentes, y juntos se sentaron a escuchar la prédica de ese día…
Aparentemente esta historia no tiene nada de extraordinario, pero si consideramos que los niños son de diferentes edades, razas, y que todos ellos le dicen a esta mujer joven “Tía”, entonces, el panorama cambia, y nos entra la curiosidad de saber ¿cómo así tantos sobrinos?

Y la respuesta es muy sencilla, esta hermana en la fe no es casada, pero Dios le ha dado la bendición de ser tía de algunos niños y niñas que han sido rescatados de las calles de Guayaquil. Ella vive con ellos en una fundación para niños desamparados y vela por ellos como si fueran sus propios hijos, no en vano una de las niñas le dice que ella es su mamá.

Este hermoso cuadro, el mismo que he visto repetirse algunos domingos en nuestra iglesia, me llevó a recordar que Dios nunca nos desampara, siempre tiene a alguien en esta tierra que se preocupa por nosotros, que nos cuida; no en vano Jesucristo dice en Su Palabra: “¿No valéis vosotros mucho más que las aves? (Lucas12:24b)
Y si valemos más que las aves, es una realidad que siempre estaremos bajo el amparo y protección de nuestro Dios.

Es que cuando entregamos nuestras vidas a Dios,  inmediatamente venimos a ser hijos de Él, llegamos a tener una nueva identidad; una identidad mucho más valiosa que la que teníamos antes. Ahora tenemos un nombre que está escrito en el Libro de la Vida, y juntos con todos los salvados venimos a ser ¡una gran familia!

¡Qué hermosa y alentadora realidad!: “Porque aunque mi padre y mi madre me hayan abandonado, el Señor me recogerá." (Salmos 27:10)

Actualmente, gracias a esta fundación que rescata niños de la calle,  y el deseo de esta hermana en la fe de cuidar de ellos, cada niño que acude a este lugar tiene un techo, comida, y lo que es más importante el amor de Cristo reflejado en el accionar de cada uno de los miembros de ese lugar.

El domingo que pasó me dio gusto ver a estos niños en la iglesia, pues observé sus rostros llenos de felicidad, seguros de que esa “Tía” los ama con el amor de Jesucristo, ese amor que excede a todo conocimiento; esa Tía vela por ellos en el aspecto espiritual y material; esa Tía no los va a dejar, pues, el amor de Cristo que es el que ella posee, nunca abandona, sino que cuida y protege.

Y es que esta amada Tía comprende que ella es un instrumento que nuestro Señor utiliza para que la promesa escrita en Su Palabra se cumpla:

“Dios hace habitar en familia
a los desamparados…”
(Salmos 68:6a)

¡Dios lo bendiga!


miércoles, 12 de octubre de 2011

“LA RED SALVADORA”


Texto Bíblico: Juan 21:1-14

Leyendo Juan capítulo 21: 1-14, meditaba en el episodio en que Jesús, ya resucitado, visitó a sus discípulos mientras ellos pescaban o trataban de pescar algo para comer; y de esta historia me llamó la atención el versículo 11 que dice que cuando Jesús les dijo que echen las redes al mar, Pedro sacó la red llena de grandes peces, y aún así, la red no se rompió.

Como todos sabemos, la figura del pescador se relaciona también con la de los predicadores y con todo aquel que anuncia las buenas nuevas de salvación. Y pensando en esto, meditaba que hay muchos pastores que día tras día echan las redes de la Palabra de Dios al mar de este mundo, y no pescan nada de calidad. Sus iglesias están aparentemente llenas, pero pocas son las personas que han entrado a la red salvadora. La red que echan estos pastores fácilmente se rompe, y los depredadores de este mundo devoran a los recién convertidos.

Entonces, en su afán de que la red salvadora no se les rompa, y mantener a los “nuevos” en sus iglesias, preparan sermones light, y espectáculos para mantener a la audiencia entretenida, porque temen que si comienzan a predicar la Palabra tal y como lo hizo Jesucristo, sus iglesias se quedarán sin quórum.

Si observamos el versículo 3 vemos que Simón Pedro y sus amigos decidieron ir solos a pescar, sin la ayuda del Señor, y como consecuencia de ello pasaron toda las noche sin una pesca exitosa; sólo cuando aparece Jesucristo y toma el control de la situación, es que el panorama cambia, y obtienen tal cantidad de peces cual nunca habían pescado en toda su vida.

La lección que Jesucristo quiso dejar a sus discípulos y que indudablemente nos deja en la actualidad es que debemos animarnos a echar la red salvadora del evangelio de Cristo, pero con la ayuda y guía de Él, sólo así podremos ver cómo esta red comienza a llenarse de personas necesitadas de Cristo, de personas que buscan la paz y seguridad que Dios puede brindar a todo aquel que le busca de corazón, sin la preocupación de que esta red se rompa.

El Señor nos dice en Lucas 5:10b: “No temas; desde ahora serás pescador de hombres”, y ese  “no temas” implica que Dios tiene el control de toda la pesca, de modo que, si confiamos en Él y pescamos junto a Él,  podremos experimentar lo que Pedro vivió en ese entonces: ¡una pesca exitosa, y una red resistente!

“Subió Simón Pedro,
y sacó la red a tierra,
llena de grandes peces,
ciento cincuenta y tres;
y aun siendo tantos,
la red no se rompió”
(Juan 21: 11)


¡Dios lo bendiga!




martes, 13 de septiembre de 2011

“¡QUIERO MORIR COMO NACÍ!”


Texto Bíblico: Ezequiel 36:25-26

El  otro día leía una entrevista que le hacían, en el periódico de mi ciudad, a un personaje muy importante en la poesía ecuatoriana. Y entre otras cosas él manifestaba que deseaba morir como había nacido, refiriéndose a la salud física y limpieza espiritual con la que los bebés nacen; y de esta forma hacía una comparación con la vida que él había llevado, la misma que no le había traído satisfacciones personales.

Así que, leyendo esta entrevista recordaba algunos pasajes en los que Jesucristo instaba a la gente a volverse como niños para así llegar al reino de los cielos.
Y es que un niño no sólo  es un ser lleno de energía y salud física, sino que:
- Su mente es limpia de toda malicia
- Desea tomar solamente la leche materna
- Confía plenamente en sus progenitores
- Ama con sinceridad de espíritu
- Cada día que pasa busca aprender algo nuevo
- Su sueño es tranquilo y reposado
- Disfruta de las cosas sencillas de la vida
- Sólo le basta el amor de sus padres para ser feliz

Como pueden ver, estimados lectores, estas son unas pocas características del niño, ya que pienso que hay más frases calificativas para describir a un bebé. Y es aquí donde todos nos detenemos y, con envidia sana, deseamos algún día “morir como nacimos”, es decir, morir limpios de toda impureza. Pero, esto, dirán muchos, es prácticamente imposible debido a que nuestra vida está siempre matizada de varios colores y algunos nubarrones que manchan y vuelven impura nuestra vida. Así, cuando llegamos al final de nuestro días nos damos cuenta que hay muchas situaciones que pudimos haber evitado y que, al final de cuentas, nos han traído tristeza y dolor. En este punto vale la pena preguntarse: ¿se podrá morir con la pureza de un bebé?, ¿es eso posible?

Y mi respuesta es que sí es posible gracias al sacrificio que el Hijo de Dios, Jesucristo, hizo un día por usted y por mí. Por medio de Jesucristo es posible borrar el pasado, comenzar una nueva vida y crecer cada día en santidad hasta reunir las características de un bebé recién nacido; así como lo expresa 2 Corintios 5:17: "De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas".

Sólo debe usted creer en Jesucristo, reconocer sus pecados e impurezas, dejar que su sangre preciosa lo limpie y, permitir que día a día Dios, cual alfarero, transforme todo su ser hasta crear una vasija nueva, para que así, con el pasar de los días por esta tierra usted pueda experimentar esa santidad que le permita: ser libre de toda malicia, desear la leche espiritual no adulterada, confiar plenamente en Dios, amar a todos con sinceridad de corazón, buscar aprender algo nuevo y edificante para su alma, tener un sueño tranquilo y reposado, disfrutar de las cosas sencillas que Dios le ofrece en esta vida, y ser feliz con el amor que el Padre Celestial le puede brindar.

Y todo esto es posible porque el Señor dice y escrito está:
 “Esparciré sobre vosotros agua limpia,
y seréis limpiados de todas
vuestras inmundicias…”
(Ezequiel 36:25a)

“Os daré un corazón nuevo,
y pondré espíritu nuevo
dentro de vosotros…”
(Ezequiel 36:26a)


¡Dios lo bendiga!